Artículos de May de 2021

yon
Tuesday
25 May 2021 11:44

Ahora que estamos en Navidad, seguro que muchos veremos un clásico navideño: Die Hard. Una película que originalmente no se iba a llamar así, sino que se lo robó a otra película de Bruce Willis. Y de paso veamos otra película de Willis que también cambió su nombre original, pero por el de otra película de Willis.

Die Hard (1988)

La película que lanzó a la fama como (anti) héroe de acción a Bruce Willis, conocída en España como Jungla de Cristal y en otros paises con el más acertado Duro de Matar, se basaba en la novela Nothing Lasts Forever de Roderick Thorp. Pero entre tantas reescrituras (que la alejaron de ser una secuela de The Detective (1966), protagonizada por Frank Sinatra) también cambió el nombre… por el de otra película de Willis: The Last Boyscout (1991).

Y es que el productor Joel Silver pidió “prestado” el título a al guionista de esta última y a cambio, la produjo, con la dirección de Tony Scott y con Willis y Damon Wayans protagonizando.

Tears of the sun (2003)

Esta película se comenzó a desarrollar como una secuela de Black Hawk Down (2001). Pero en un tiempo post-11S, la productora de Bruce Willis impulsó cambios en el guión para alinear el tono patriótico, reduciendo su carga de acción pura y desconectándola de aquella. Y para el nombre, Willis se lo robó a la cuarta parte de Die Hard (que finalmente se terminó llamando Live free or Die Hard (2007), La Jungla 4.0 en España).

Fuente: Fandango

yon
Wednesday
19 May 2021 12:31

Afila el oído (y ponte cascos con anulación de ruido), porque alguien es capaz de emular dos grandes clásicos de la música de Star Wars simplemente con un lápiz. Pero no a base de percusión, sino mientras escribe una fórmula matemática.

[Vía: No Puedo Creer]

En este blog también pudimos escuchar la marcha imperial con disketeras y con unas bobinas Tesla.

yon
Friday
14 May 2021 11:04

La promesa de un mundo descentralizado es muy bonita. Pero hay un lado oscuro, tan oscuro como la contaminación que provocan.

Las monedas tradicionales se basan en compromisos comerciales, o reservas de metales preciosos que tienen los Estados. Las criptomonedas se basan en el blockchain, un sistema descentralizado en el que entre todas las partes se puede confirmar la veracidad y unicidad de la información. Sin embargo, esa confirmación viene dada por complejos algoritmos informáticos, que para ser calculados necesitan procesamiento informático. Y lo que en teoría funciona, en la práctica supone unos costes con contaminantes efectos secundarios.

En el caso de Bitcoin, su minado se basa en cálculos por lo que la gente necesita por un lado potentes equipos informáticos. Principalmente se están usando tarjetas gráficas de última generación, lo cual está resultando un quebradero de cabeza para sus fabricantes porque sus potenciales clientes, los jugadores de videojuegos, no están consiguiendo comprarlas, así que están fabricando mucho más. Y si fabricamos más componentes electrónicos, estamos preparando basura electrónica para el futuro. Pero es que además, el minado necesita mucha energía, y ahí detrás están los fondos que están invirtiendo en Bitcoin metiendo dinero en comprar centrales eléctricas basadas en combustibles fósiles para únicamente alimentar equipos de minado.

Por otro lado, intentando decir que son la alternativa verde, ha surgido una criptomoneda llamada Chía. Se intenan alejar del minado diciendo que la suya se ‘cultiva’. Dicen que sus cálculos no son tan pesados, ya que se basan en uso del espacio del disco duro. El problema, que el uso es intensivo de un disco duro sólido hace que su vida útil estimada de una década apenas dure más de mes y medio. De nuevo, escasez de recursos y más basura electrónica.